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Manel Gil Inglada. La música en el cine de animación

By 11.Ene.2017 No Comments
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Manel Gil-Inglada visitó la Semana de la Animación en Barreira derrochando simpatía por los cuatro costados. Pocas veces se tiene la oportunidad de descubrir los entresijos de la creación musical de bandas sonoras dedicadas específicamente a la animación, así que los parroquianos de Barreira vimos y escuchamos atentamente (… y vaya regalo musical para los oídos) todas las melodías que Manel traía consigo. Y es que la música de una banda sonora, como nos demostró con diferentes ejemplos, hay que oírla y hay que verla.

 

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Una banda sonora no sólo se trata de una melodía o una buena partitura. Ha de acompañar a la imagen, complementando y formando parte de la historia, a veces de manera sutil, sin que apenas se perciba de una manera directa, y otras enfatizando y magnificando la historia que relatan las imágenes. Fueron varias y variadas las muestras que iban pasando por el proyector y donde cobró vigencia aquello que se dice popularmente: “el audio es el 50% de un producto audiovisual”. Y  Manel demostró que sabe cómo domar los instrumentos para que el milagro suceda.

También tuvo ocasión de contarnos su trayectoria artística, desde sus inicios como intérprete en diferentes grupos de música hasta la fundación en 1990 de la productora “Quadrophenia” con la que, gracias a la combinación de  talento y trabajo, logra posicionarse en el mercado audiovisual dedicándose de lleno a la composición y producción de sintonías de bandas sonoras.

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Gil-Englada repasó algunos de sus trabajos más relevantes, como su participación en las películas “Hullabaloo” ( James López), “Dixie y la Rebelion Zombi” (Abra Prod.) o “Cher Ami” (Acció) por citar algunas, o sus composiciones para cortometrajes que no dejan de recibir premios (El reciente caso del cortometraje EVO, de los valencianos Monkey Animation es una buena muestra de ello.)

Y así, entre pitos y flautas, se fue pasando una intensa y plácida jornada musical de la que aprendimos mucho y disfrutamos más. ¡Gracias, Manel!

Crónica de Aitor Herrero

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