¿Imaginamos diferente?

¿Imaginamos diferente?

Rafa Muñoz.

Overview

El Humano, como ser primitivo siente curiosidad, fascinación por el saber y el conocimiento. Estos términos son los precursores de la evolución, del cambio evolutivo en los diferentes estamentos socio-culturales y los motivos reales que nos empujan a cambiar las cosas, a modernizar los procesos y a actualizar nuestro pensamiento deductivo.
La mente es infinita y como tal, vuela, sobrepasa nuestros límites de entendimiento y con ello la comprensión de cómo dar solución a problemas reales. Este handicap ha evolucionado en positivo durante estos últimos 20 años, y el único «culpable» del cambio ha sido la tecnología.
El diseño se ha colado en cada rincón de nuestra sociedad, pero esta vez los consumidores han sido mucho más consciente de la función de cada unos de los objetos que les rodea e incluso se ha puesto en valor el pensamiento del diseñador como técnico especializado. Por ejemplo en el campo de la medicina, las impresoras 3d han sido de capital importancia a la hora de aportar soluciones para cirugía o de como en una conversación de dos individuos se cuelan palabras como «titanio» o «fibra de carbono» como el que habla de si va a llover o no.
En las diferentes vertientes del diseño, también ha ahondado profundamente la tecnología, sino, como imaginar trabajan sin ordenadores,¿ imposible verdad?. El presente tecnológico y las aplicaciones en tres dimensiones nos han acercado a nuestro interlocutor de manera fulminante, ahora somos capaces de dibujar , proyectar y que nuestra idea se vea fielmente representada ante nuestro ojos, y lo más importante, ante los ojos de nuestro cliente. Los dos vemos lo mismo, sin embargo minutos antes imaginábamos diferente.
Pensar en elementos que los procesos de fabricación tradicionales tardarían meses y ahora es posible tenerlos en cinco minutos, pensamos en algo y un programa informático nos lo muestra físicamente, real, palpable, tangible. Estos procesos son increíblemente fascinantes, pero me generan como individuo varias preguntas, la primera es, ¿nuestra mente está supeditada a generar elementos que la tecnología actual es capaz de desarrollar o por lo contrario pensamos libremente, sin tener en cuenta los procesos de desarrollo productivo actuales, es decir, nuestra imaginación en el mundo creativo ¿es libre?, y la segunda; ¿a largo plazo, el tener toda la información a golpe de teclado nos convertirá en habitantes de un siglo «cómodo» creativamente hablando?.
La cultura del esfuerzo, ha sido siempre la filosofía del medio para llegar a un fin con las máximas garantías de éxito, sin embargo de un tiempo a esta parte, estamos observando que los individuos emergentes no comparten esta manera de afrontar los retos, es más, diría que todo lo contrario, generaciones de «ni-ni» o «0effort» no contribuyen a mejorar la situación de aportar creatividad a su entorno. Sin embargo, «no hay mal que dure cien años», y esto no va a ser una excepción, como apuntaba anteriormente, el ser humano tiene la necesidad vital de crecer, de innovar, de verse realizado y esto conlleva inevitablemente un esfuerzo.
El mundo de la cocina ha hecho saltar por los aires su creatividad, no sin empeño, está siendo un verdadero motor de empuje del que surgen no solo platos bellos, sino un modus vivendi más sano y comprometido con la economía circular, producto de cercanía y ennoblecimiento de sus materias primas, igual que el mundo de la moda, que está confeccionando con hilaturas de polyester a partir de plásticos recogidos de nuestros mares y océanos y así podríamos citar cientos de «viejos»y «nuevos » oficios que emergen de un caldo de cultivo super motivado que no solo valora el término «bonito» sino que refuerza las acepciones de la palabra función, en cada uno de los elementos que nos rodean.
Dejemos que cada componente de nuestras vidas abrace al futuro incondicionalmente, el cambio tiene que llegar, más pronto que tarde, y volver a volar, como lo hicieron los hermanos Wright, cambiar la manera de habitar como proyectó Le Corbusier, hemos de consolidar los valores individuales y ejercer un uso responsable de la tecnología para hacer de nuestro mundo un lugar mejor.