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Frontera sur: el vecino enemigo

By 17.Abr.2024 No Comments

El artículo a continuación es obra de nuestro docente Daniel F.R. Gordillo. Una primera versión del mismo fue presentada en el Festival Fantaelx 2019.

 

Por Daniel Francisco Rodríguez Gordillo 

Collares hechos con vértebras humanas, máscaras de luchador que sirven de talismán a asaltabancos, fusiles de asalto recubiertos de oro, chamanes, santería y satanismo, cabezas cercenadas cruzando el desierto sobre tortugas, cárceles que se convierten en fortalezas inexpugnables, sicarios navajeros y mariachis armados hasta los dientes en polvorientos pueblos fronterizos. 

La narcocultura invade los medios regalándonos imágenes que son tan violentas como surrealistas y absurdas, y aún así, a veces se quedan cortas intentando retratar una brutal realidad que ha sido normalizada en base a la repetición, la impunidad y como consecuencia, a la insensibilización de quienes la sufren. 

En los últimos 50 años, los cárteles de la droga en México han ido sufriendo una continua y vertiginosa transformación, hasta dejar el panorama actual como un caótico caldo de cultivo donde tan pronto las divisiones internas en cada organización crea nuevas entidades, como son fagocitadas por la fuerza, en un cóctel de tiroteos, narcomantas, demembramientos y torturas que dejan las ciudades en pugna sembradas de cadáveres. 

No es extraño que de la misma forma que al abordar un avión se nos explica dónde están los chalecos salvavidas y qué hacer en caso de un aterrizaje forzoso, existen ya protocolos de seguridad como el ofrecido por la Universidad Autónoma del estado de Hidalgo, que nos dicen qué tenemos que hacer en caso de vernos en medio de una balacera. Esta violencia no es para nada nueva, pero el número de muertes y el grado de crueldad y horror que dejan las dos primeras décadas del siglo XXI, nos obliga a alejarnos de la noción de delincuencia común para situarnos en un contexto de guerra y genocidio.  

El mapa de las zonas de influencia de los distintas organizaciones dedicadas al narcotráfico al sur de la frontera con los USA, es ahora tan cambiante que empieza a parecer el registro de rutas de aves migratorias. Los viejos cárteles se subdividen en una especie de narco-mitosis donde el amor paternofilial es sustituido por un mutuo deseo de destrucción. Los nuevos grupos buscan su territorio, invaden, se ponen nombres ostentosos, pelean la plaza, aniquilan a sus antecesores y se consolidan o desaparecen. 

El narco siempre ha pretendido re-diseñar su imagen y su propia historia, repartiendo riqueza en los barrios que controlan, muchos de ellos marginales y golpeados por la pobreza y el abandono de las instituciones, para procurarse el favor y servidumbre de sus habitantes (migajas, si lo comparamos con las ganancias reales que el negocio de la droga les deja). Violentos, psicópatas y sádicos, los cárteles no dudan en usar cualquier medio a su alcance para dejar claro de lo que son capaces, pero si preguntamos a la gente que se beneficia de su generosidad, el narcotraficante vendría a ser más bien un Robin Hood moderno e incomprendido, que trabaja al margen de leyes injustas y autoridades corruptas. Un hombre hecho a sí mismo que ha podido salir de una situación de miseria con los talentos que más se ensalzan en aquellas canciones que les glorifican: el valor y la inteligencia. Una persona del pueblo, generoso con su riqueza, un benefactor de los desfavorecidos, un filántropo y humanista, y en algunos casos extremos, un santo varón capaz de obrar milagros y curar enfermos. 

A Jesús Malverde (1870 ~ 1909) se le conoce como el santo de los narcos, a pesar de no estar reconocido por la iglesia. Tiene su capilla en el centro de Culiacán y el 3 de mayo como fecha de veneración. Este sinoalense se hizo famoso como asaltante de caminos, que aparecía y desaparecía usando la espesa selva como escondite, repartiendo entre los pobres lo que robaba a los ricos latifundistas de la región. Se le aprehendió y ejecutó en la horca a principios del siglo XX, quedando su cadáver expuesto durante semanas en la estación del ferrocarril. Se dice que un campesino que había perdido a sus animales, pasa por ahí y le pide al cuerpo de Malverde ayuda para encontrarlos, y a cambio le daría santa sepultura. Aquél sería el primer milagro que se le atribuye a este “santo” al margen de la ortodoxia. 

Una parte de este rediseño es la eliminación sistemática de las opiniones poco favorecedoras en prensa. Criticar al narco ha hecho que ser periodista dentro de sus territorios sea un deporte de alto riesgo. En un artículo de diciembre de 2018, Forbes reconoce que sólo Afganistán, Siria e India superan a México en número de muertes relacionadas con el periodismo (McCarthy, 2018). Otro gremio que ha estado tan en el punto de mira del narcotráfico por su poder para modelar la historia han sido los músicos. El corrido ha sido desde sus inicios dentro de la tradición musical mexicana, un vehículo para, como dicen los Tigres del Norte al inicio de su Jefe de jefes, «contar las historias reales de nuestro pueblo». Los corridos alcanzaron su época de auge durante la Revolución Mexicana, y algunos de los más famosos cuentan las historias de ese convulso capítulo de la historia del país, pero desde entonces han ido evolucionando, pasando en algunos casos de una forma popular de divulgación de noticias y acontecimientos a una eficaz herramienta de propaganda para los cárteles, naciendo así lo que denominamos narcocorrido. 

 

Cantándole a la muerte 

Se podría dividir la historia del narcocorrido en 3 etapas: La primera generación, de 1931 hasta 1969, donde sólo hay unas pocas piezas que tratan el tema de forma específica, sin llegar a ser aún un subgénero, pero dentro de una amalgama de historias que nos cuentan la vida y obra de célebres criminales en la frontera, de asaltantes de bancos y de trenes o de contrabandistas de textil o de licor durante los 13 años de ley seca en los Estados Unidos. El primer corrido del que se tiene registro que menciona a un narcotraficante, es el Corrido del Pablote, grabado por José Rosales en 1931. El Pablote nos cuenta de una forma cruda y austera, casi periodística, la muerte de Pablo González, conocido como el rey de la morfina en Ciudad Juárez. En esta etapa, la narrativa de las canciones es una crónica más o menos objetiva, casi aséptica, donde se suele incluir o al menos intuir una enseñanza moral sobre evitar los negocios turbios. Otros narcocorridos famosos de esta época son Por morfina y cocaína (1934) y Carga blanca (1949) ambos de Manuel C. Valdez. En esta época aún no se puede hablar de cárteles ni sindicatos del narco.  

La segunda generación, de 1970 al 2000, coincide con una transformación del modelo de negocio donde cada zona funciona de forma aislada a una organización de las plazas que funcionaría como una federación del narco. A finales de los años 70 y principios de los 80, los narcos sinaloenses Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo trasladan su operación al estado de Jalisco, fundando el Cártel de Guadalajara. Otros capos históricos que pasaron por este cártel antes de fundar los suyos fueron Joaquín El Chapo Guzmán, Amado Carrillo, Ismael Zambada o los hermanos Arellano Félix. En este período las canciones tratan el narcotráfico de forma más abierta y aunque aún se pueden utilizar ciertos eufemismos, son referencias que todo el mundo conoce de sobra y pasan más como una broma interna que como un intento real de suavizar la información, como en Mis tres animales de los Tucanes de Tijuana. Otra cosa es el uso de las claves internas, que funcionan como un código secreto sólo accesible a los iniciados dentro del cártel y que irán ganando terreno hacia la tercera generación. Corridos como Contrabando y traición o La banda del carro rojo interpretadas por los Tigres del Norte, compuestas a principios de los años 70, hablan sin tapujos del tipo de negocio que llevan a cabo los protagonistas de las canciones, enalteciendo no el oficio de contrabandista pero sí, como se ha dicho antes, una serie de virtudes necesarias para llevarlo a cabo, y si acaso existe una moraleja, esta se ve tímidamente diluida dentro de la exaltación a la figura del narcotraficante. Casos como el de Chalino Sánchez, que antes de ser secuestrado y ejecutado por “falsos” agentes federales en 1992, logró a punta de pistola defenderse de un intento de asesinarlo en el escenario, contribuyeron a dotar al narcocorrido de un aura de terrible veracidad. 

En la tercera generación, del 2001 al presente, ya podemos olvidarnos de lecciones morales, La guerra contra las drogas que se libró durante el sexenio del Presidente Felipe Calderón, terminó por consolidar la transformación del narcocorrido en un canto de guerra, en una herramienta de adoctrinamiento y una continua apología de atrocidades, tanto así, que desde 2002, se han ido creando leyes para intentar parar su difusión en medios, como un decreto del estado de Sinaloa de 2011 que prohíbe a grupos musicales interpretar música que haga apología del delito. Es un hecho conocido que algunas figuras importantes dentro del narcotráfico han pagado grandes sumas de dinero para tener su propia canción, pero durante esta etapa, esta relación se lleva a un nuevo nivel, encaminándose intérpretes y bandas de música a tener una especie de filiación dentro del mapa de los cárteles, por lo que en los últimos 20 años, se sabe a ciencia cierta, se intuye en otros casos, que un gran número de muertes de artistas intérpretes de narcocorridos se relacionan directamente con el enfrentamiento por territorio de las organizaciones del narcotráfico.  

El grupo de artistas que engloba lo que hoy se conoce como Movimiento Alterado, bien podría ser el departamento de producción musical del Cártel de Sinaloa. Las canciones hablan, con todo lujo de detalles, de carnicerías y torturas, de dinero, lujos y mujeres, glorificando el estilo de vida del narcotraficante, pero también sirven de amenaza a cárteles rivales. Sanguinarios del M1 del grupo Bukanas de Sinaloa es una oda a la violencia, supuestamente con la aprobación del mismísimo Chapo Guzmán, líder entonces de la organización criminal.

 

El narco como villano de Hollywood 

¿Pero cómo evoluciona la percepción del traficante villano? Para Hollywood, cruzar la frontera en busca de un enemigo carismático, burlón, mujeriego y pendenciero no le era ninguna novedad. Antes de la existencia de los cárteles, el turbulento primer cuarto de siglo en México dio a las películas de vaqueros algunos personajes como el General Mapache en The Wild Bunch de Sam Peckinpah, interpretado por Emilio El Indio Fernández (De Diego, 2011). Para Fernández, quien ganó la Palm d’Or en Cannes en 1944 por dirigir María Candelaria, ni el papel de militar ni el de conspirador le eran entonces desconocidos. 

Hagamos ahora un viaje cronológico por algunas producciones cinematográficas y la historia del narcotráfico en América, para ver la evolución tanto de las organizaciones delictivas como de la representación que se construye del villano al sur de la frontera. 

Scarface(1983) de Brian de Palma, es un remake de la película de 1932 del mismo nombre, con Al Pacino interpretando a un refugiado cubano llamado Tony Montana que se asocia con un poderoso cártel sudamericano que termina asesinándolo. La película se produce cuando en México las 2 principales organizaciones de tráfico de drogas (marihuana) son el Cártel de Guadalajara y el del Golfo, y Pablo Escobar, líder del Cártel de Medellín, tenía entonces afianzado su monopolio de exportación de cocaína a los Estados Unidos. Aunque Scarface ya nos muestra el poderío de las grandes organizaciones dedicadas al tráfico de droga en Latinoamérica, los cárteles colombianos para ser más precisos, la película realmente pretendía en sus inicios volver a contar la historia de Al Capone, el más famoso mafioso italoamericano en la violenta Chicago de los años 30; pero la falta de presupuesto persuadió a director y productores que sería más fácil adaptar la historia a la realidad del momento, que crear una película de época. 

Casi 10 años después, dos películas serían las precursoras, instaurando lo que llegaría a ser la imagen del mafioso mexicoamericano en la cultura popular. American Me (1992) de Edward James Olmos y Blood in Blood Out (1993) de Taylor Hackford, narran la vida en las calles y en prisión de las bandas chicanas en Estados Unidos. Aunque las bandas que aparecen en cada historia son de origen mexicano, se está hablando de los hijos y nietos de inmigrantes afincados al norte de la frontera, es decir, el cine estadounidense aún habla de puertas para adentro de sus fronteras, contándonos una problemática social interna del país. 

American Me

Entre las 2 películas nos introducen varios términos que vamos a usar a partir de ahora: el chicano, el mexicoamericano hijo o nieto de inmigrantes mexicanos en los USA; el pachuco, un tipo de tribu urbana dentro de los chicanos de la primera mitad del siglo XX; el cholo, que sería cualquier miembro de una pandilla callejera y el gringo, que es la forma en que el mexicano designa al ciudadano de Estados Unidos cuando no quiere llamarle ni americano ni estadounidense. Podríamos añadir a estas denominaciones, la de pocho, que es como el mexicano le llama de forma peyorativa, al chicano que ha perdido contacto con sus raíces o no sabe hablar español. Las nuevas generaciones les llaman “No sabo kids”, como una forma de cuestionar si son más estadounidenses que latinos (Brooks, 2023). 

Al inicio de la década de los noventas, durante la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, el Cártel de Guadalajara se divide en 3: Sinaloa, Juárez y Tijuana, y al mismo tiempo, un joven Robert Rodríguez presenta su ópera prima, El mariachi (1992) donde un humilde músico es confundido con un sicario por la mafia local de un pequeño pueblo fronterizo ocasionando una serie de lógicos y violentos resultados. Rodríguez retoma la historia con Desperado en 1995, no exactamente como secuela ni como remake/reboot, sino como algo entremedias con un reparto internacional y un presupuesto bastante más abultado. Al año siguiente, la captura del líder histórico del Cártel del Golfo, Juan García Abrego, haría que Osiel Cárdenas alcanzara el mando de la organización y empezara a plantearse crear una guardia personal usando para ello únicamente exmilitares de élite, sentando las bases de lo años más tarde sería el cártel más sangriento y brutal que se haya visto hasta entonces, Los Zetas. En 1996, Robert Rodríguez presenta From Dusk till Dawn, una especie de road movie transfronteriza que se convierte en una mezcla entre La noche de los muertos vivientes, Fright Night II y su propio Desperado, reciclando a gran parte de los actores de ésta última, como Cheech Marin, Danny Trejo o el mismísimo Quentin Tarantino. La película, aunque del género fantástico/terror, nos sitúa en un entorno al norte de México controlado por los cárteles y donde las autoridades tanto mexicanas como estadounidenses poco pueden hacer, razón por la que el personaje interpretado por George Clooney cruza la frontera, terminando por casualidades del destino, en un lugar de no muy sano esparcimiento donde camioneros y motociclistas van desapareciendo misteriosamente. Estas ausencias forzadas, desgraciadamente no son raras en territorio mexicano; algunas como las más de 300 personas que siguen en paradero desconocido desde 2012 en Allende, Coahuila, se les pueden adjudicar a los cárteles; otras como las de los estudiantes represaliados en Tlatelolco en 1968, al gobierno. Y en otros casos, como los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa en 2014, no está tan claro. 

Hasta aquí, Hollywood ya tiene los cimientos apuntalados de lo que va a ser su nuevo villano: el peligro se antoja real y está cerca, pero como los vampiros de Rodríguez, aún no se le ha invitado a a entrar en casa. 

En 1997, se estrena Perdita Durango, del director español Álex de la Iglesia, y protagonizada por Rosie Pérez y Javier Bardem. Es una de esas películas que los espectadores aman u odian, no hay término medio. El filme narra las vivencias de Perdita Durango y Romeo Dolorosa, una pareja de amantes mentalmente inestables, autodestructivos, y con ciertas tendencias homicidas. Muchas de las críticas que se pueden leer en los foros de internet es sobre toda la violencia gratuita y lo absurdo de la trama. ¿Chamanes, sacrificios humanos y rituales de poder? ¿Secuestros de adolescentes en la frontera, brujería y asesinatos? ¿De qué va todo esto? Pues va de una adaptación más o menos libre de una historia real, los crímenes de los narcosatánicos o del brujo de Matamoros, como bautizaron los periódicos a Adolfo de Jesús Constanzo, “El Padrino”, como era conocido por sus adeptos; líder de una secta que practicaba la santería y el Palo Mayombe en esa ciudad del estado de Tamaulipas, y que ofrecía rituales de protección a capos del narco. Sara Aldrete, apodada “La Madrina”, en quién está basada el personaje de Perdita Durango, era la amante de Constanzo y la segunda al mando dentro del culto. En 1989, un operativo de la Policía Federal encontró en el coche de uno de los seguidores de la secta una olla llena de restos humanos de los cuales algunos se identificaron como pertenecientes al cuerpo de Mark Kilroy, desaparecido poco tiempo atrás. Constanzo cocinaba un brebaje hecho con el corazón, cerebro, y columna vertebral de sus víctimas, que aseguraba, les permitiría ser invisibles a las balas de la policía. Los agentes encontraron 13 cuerpos mutilados enterrados en el rancho Santa Elena, uno de los que usaban para sus ceremonias. (Jerez, 2016) 

La siguiente película, Traffic (2000) de Steven Soderbergh, es la primera del Mainstream Hollywoodense que trata a los cárteles como organizaciones criminales con capacidad operativa a ambos lados de la frontera. Hasta entonces, las películas nos habían hablado del narco como un síntoma de atraso cultural en Latinoamérica: delincuentes comunes, pandillas de barrio y sobre todo, una fuente de degradación y peligro del cual se estaba a salvo en los Estados Unidos. En Traffic, es la primera vez que se retrata el poder de los cárteles como capaz de hacerle frente a agencias gubernamentales estadounidenses, a la DEA, al FBI y a fiscales especiales antidroga en su propio territorio. El año en que se estrena el filme de Soderbergh, comienza la presidencia de Vicente Fox. Durante este sexenio, el Cártel del Golfo sufrirá una división interna que provocaría más tarde la peor guerra de cárteles que se recuerda y que ha día de hoy sigue sin desenlace definitivo. 

¿Qué significa pasar al otro lado para unos y otros? Sabemos lo que desean la mayoría de quienes intentan cruzar la frontera hacia los Estados Unidos, un mejor trabajo, mejor nivel de vida, seguridad, pero ¿Qué buscan quienes bajan al sur? En Blow (2001) de Ted Demme y Man on Fire (2004) de Tony Scott, vemos a dos protagonistas cruzar la frontera hacia México por razones muy diferentes, uno queriendo hacer el negocio de su vida y el otro buscando la redención. Según Hollywood, cuando el gringo cruza la frontera, busca beber alcohol antes de cumplir los 21, drogas, emociones fuertes, redención debido a un error del pasado, venganza o las oportunidades que su lugar de origen le niega. El viaje al sur es una especie de rito iniciático a partir del cual, el protagonista sufre una transformación o una revelación, para poner en marcha una serie de eventos que acaban liberándole de sus pecados o proporcionando una forma de magnificarlos. Dependiendo del tipo de protagonista, es un viaje de purificación o de envilecimiento; el turismo tradicional, los viajes de negocios legales y las visitas a la familia quedan relegados a los personajes secundarios, aunque en algunas historias como en We’re the Millers (2013) de Rawson Marshall Thurber, el límite no está muy claro. 

Un año después del estreno de Blow, en 2003, Los Zetas, el brazo armado del Cártel del Golfo se separa para conformar su propia organización, reclutando al mismo tiempo a soldados de élite guatemaltecos. Los Zetas han sido el cártel más brutal de cuantos han estado activos en territorio mexicano, caracterizándose por una violencia extrema y rompiendo una regla no escrita que hasta entonces, más o menos se había respetado: dejar al margen a la población civil. (Garduño, 2017) 

En 2006 asume la presidencia de México, Felipe Calderón Hinojosa, y comienza uno de los sexenios más violentos en más de 50 años. El Presidente Calderón responde a la guerra entre cárteles con una ofensiva frontal de fuerza bruta sin apenas planeamiento ni estrategia, y una militarización del país cuyas estadísticas se cuentan en miles de muertos y desaparecidos y ningún beneficio real. En 2007, Jonathan Legaria Vargas inaugura en el municipio de Tultitlán, Estado de México, el Templo de la Santa Muerte, y con sus 22 metros de altura, la efigie más grande dedicada en honor de esta especie de virgen esquelética frecuentemente venerada por sicarios y gente vinculada al negocio del narcotráfico. La secta de la “Niña Blanca”, como también se le conoce, crece de forma exponencial en los siguientes años, y su relación con el violento mundo de los cárteles se hace cada vez más evidente. En 2008, Legaria Vargas o Comandante Pantera, muere acribillado por un comando que portaba metralletas AK-47 “cuerno de chivo” y rifles de asalto R-15, mientras conducía una camioneta por las calles de Ecatepec. 

Para 2010, el territorio mexicano se encuentra en disputa entre 7 principales cárteles: Cártel de Sinaloa, Cártel del Golfo, Los Zetas, Cártel de Juárez, Cártel de Tijuana, La Organización Beltrán-Leyva y La Familia Michoacana. La guerra de cárteles se traslada al entorno interactivo, vídeos de ejecuciones y torturas de miembros de una y otra organización que pretenden funcionar como una advertencia pero que nadie escucha; se vuelve una competición para ver qué narco es el más violento, y el incremento en crueldad queda registrado sin censura de ningún tipo en webs como elblogdelnarco.com, pero siendo su verdadero sistema de propagación las redes sociales. Este mismo año, Luis Estrada presenta su película El infierno que en clave de comedia, intenta explicar la situación que se vive en el país, desde la corrupción a todos los niveles de gobierno e instituciones hasta la sensación de una sociedad que se abandona a la desidia, a causa de la impunidad con la que la delincuencia, y en especial los narcos, se mueve a su antojo. También en 2010, Nimród Antal estrena su tercera producción americana, Predators, producida por Robert Rodríguez con actores de la talla de Laurence Fishburne, Adrien Brody y Danny Trejo en el papel de Cuchillo, un sicario miembro de Los Zetas. Trejo tiene un largo historial de personajes: cholos, criminales convictos, narcos, vampiros, mercenarios… Incluso ha aparecido en videojuegos como Call of Duty: Black Ops o prestando su voz en Call of the Dead y Fallout: New Vegas. Nacido en Los Ángeles de padres mexicanos, es primo segundo de Rodríguez, quien lo llama a participar continuamente en sus películas, incluyendo Machete (2010) y Machete Kills (2013), encantadores y absurdos pastiches de todos los turbios personajes fronterizos interpretados por Trejo anteriormente, pero llevados hasta un extremo caricaturesco.

Entre el 2011 y el 2012, Trejo interpreta al narcotraficante/agente encubierto Romero Parada, esta vez para la serie de televisión Sons of Anarchy, apareciendo en 14 episodios. Durante estos años, la violencia causada por la disputa de territorio entre Los Zetas y el Cártel del Golfo se recrudece: En 2010 se encuentran los cuerpos de 72 migrantes procedentes de Centro y Sudamérica en una fosa común en San Fernando, estado de Tamaulipas. Las investigaciones sobre el caso, llevan un año después al descubrimiento de 40 nuevas fosas, con por lo menos 193 cadáveres confirmados, pero diversas fuentes ya contabilizan el número de muertos por encima del medio millar. Las víctimas de esta segunda masacre de San Fernando, parecen ser ciudadanos mexicanos y provenir de autobuses desaparecidos en la zona. (Las terribles masacres cometidas por los cárteles de la droga que marcaron a México, 14/04/2019) 

Antes de terminar el sexenio de Felipe Calderón, El Cártel de Sinaloa se divide y aparece el Cártel Jalisco Nueva Generación. Del mismo modo, Los Caballeros Templarios surgen como una especie de narcogrupo pseudorreligioso, al fragmentarse La Familia Michoacana tras la muerte de su líder Nazario Moreno. (Longhi-Bracaglia, 2011) 

En 2012 podemos ver en carteleras Get the Gringo, de Adrien Grünberg, con Mel Gibson en el papel de un conductor experto en huidas de asaltos a bancos (los estadounidenses tienen un nombre para oficio tan especializado: getaway driver) que termina cruzando la frontera con 2 millones de dólares, y termina en una cárcel mexicana controlada y usada a forma de fortaleza por un capo de la mafia local. Una vez más, la realidad supera a la ficción, en este caso la ofrecida por Gründberg, porque se estima que ha día de hoy, un 60% de las prisiones en México tienen “autogobiernos” controlados por los cárteles. 

El director de Get the Gringo es un veterano no sólo en cuanto a la temática de filmes de acción, sino que además aparece en los créditos como director secundario o asistente de dirección de algunas de las producciones antes mencionadas, como la serie Narcos, Traffic, Perdita Durango o Man on Fire. Y antes había trabajado ya bajo las ordenes de Alejandro Iñárritu en Amores Perros (2000) y con Mel Gibson en su Apocalypto (2006) por lo que podemos pensar que todo ese trabajo de campo en suelo mexicano le habría valido como una incontestable tarjeta de presentación para hacer que el legendario excombatiente de Vietnam John Rambo pudiese una vez más hacer gala de sus habilidades para la guerra, esta vez enfrentándose a una organización criminal especializada en el secuestro y prostitución al sur de la frontera. Aunque las escenas y la ambientación del lado mexicano respiran un realismo concebido por quien claramente ha estado ahí y conoce bien el entorno, un guión completamente incoherente y unos diálogos escritos por un niño pequeño hacen que Rambo: Last Blood (2019) se disfrute mejor en la comodidad del sofá, con el dedo no muy lejos del botón de fast-forward, y la firme intención de dormirse pasados 20 minutos. 

Parece que el filme de Gründberg hubiese querido aprovechar, de forma infructuosa, el éxito que cosecharon en taquilla producciones como Sicario (2015) dirigida por Denis Villeneuve, y posteriormente su secuela, Sicario: Day of the Soldado (2018), esta vez bajo la dirección de Stefano Sollima. Benicio del Toro encarna aquí a un abogado colombiano reclutado por los servicios de inteligencia de USA para servir como mercenario en las operaciones en la frontera con México. Ambas películas, muestran el poder conseguido por los cárteles a ambos lados de la línea divisoria, la corrupción de las autoridades mexicanas, los narcotúneles para traficar con drogas, armas y personas; y del otro lado, con quienes se supone que le hacen frente, la politización y despersonalización de la batalla contra el narcotráfico, y los métodos poco ortodoxos, por decirlo de una forma suave y que como un secreto a voces, se sabe no fueron (¿son?) ninguna fantasía. 

En los últimos 15 años, la realidad de los cárteles ha llegado al mainstream televisivo y de plataformas de streaming de forma global, primero en 2008 con la multi-galardonada serie Breaking Bad, de la cadena norteamericana AMC, y posteriormente con Narcos en 2015, de Netflix que por supuesto, ya tiene su versión en videojuego para teléfonos y tablets. Dentro de este mercado de productos interactivos, cabe mencionar Tom Clancy’s Ghost Recon Wildlands (2017), que nos deja meternos en la piel de soldados de élite para luchar contra un cártel mexicano en Bolivia. Solo con revisar los títulos que la plataforma Steam tiene en su catálogo, podemos jugar a Drug Lord Simulator, Drug Dealer Simulator 1 y 2, Cartel Tycoon, Pusher Drug Tycoon, Drug Business y otros tantos. 

Podríamos decir que en las primeras dos décadas del siglo XXI se ha consolidado una representación del narco mexicano, por encima del resto de nacionalidades; se ha creado un arquetipo de adversario que la cultura popular americana ha terminado por engullir: la bota vaquera de piel de caimán, el sombrero, la hebilla de alacrán, la camisa abierta y la cadena de oro colgando al cuello.

La industria mediática estadounidense siempre ha necesitado enemigos del American Way of Life; porque le es imperativo presentar la realidad como una dicotomía entre malos y buenos, héroes y villanos, libertad americana y el resto del mundo; y a través de los años hemos visto pasar por las pantallas a nazis, comunistas, espías soviéticos, islamistas radicales y ahora parece que le toca al narco mexicano hacerse su lugar en panteón de los enemigos del héroe, aunque tal y como están las cosas últimamente, parece que el malo de la película tiene un mejor mánager

 

Referencias  

  • Ametrallan a sacerdote de la Santa Muerte. (01/08/2008)  Diario de Ecatepec.
    https://ecatepecnoticias.blogspot.com/2008/08/ametrallan-al sacerdote-de-la-santa.html
  • Las terribles masacres cometidas por los cárteles de la droga  que marcaron a México. (14/04/2019) La Vanguardia.  https://vanguardia.com.mx/noticias/nacional/casino-royale san-fernando-allende-las-terribles-masacres-cometidas-por los-carteles-de-la-DRVG3453189
  • Los narcocorridos “nacieron en Estados Unidos”. (14/05/2012) BBC Mundo.
    https://www.bbc.com/mundo/noticias/2012/05/120512_narcoc orridos_nacidos_en_eeuu_vp
  • Brooks, D. (2023). No sabo kids, los latinos discriminados en  Estados Unidos por no dominar el español. BBC.
    https://www.bbc.com/mundo/articles/cx01l7yx2jno
  • De Diego, J.(2011). Cine al rojo vivo. Bookland press
  • Garduño, J. (22/04/2017). Los Zetas y el Golfo, de la unión a  la fractura. El Universal.
    https://www.eluniversal.com.mx/articulo/nacion/seguridad/20 17/04/22/enterate-los-zetas-y-el-golfo-de-la-union-la-fractura/
  • Hagopian, T.; Knudsen, L.; Van Hoy, J. (productores) y  Schwarz, S. (director). (2013). Narcocultura [cinta  cinematográfica]. USA/México.
  • Longhi-Bracaglia, I. (10/03/2011) Los ‘Caballeros templarios’  del ‘narco’. El Mundo.
    https://www.elmundo.es/america/2011/03/10/mexico/129978 1228.html
  • Jerez, D. (2016). La hechicera de Matamoros y los Narco  Satánicos. Actitudfem.
    https://www.actitudfem.com/noticias/la-hechicera-de matamoros-y-los-narco-satanicos
  • McCarthy, N. (19/12/2018). The Deadliest Countries For  Journalists In 2018. Forbes.
    https://www.forbes.com/sites/niallmccarthy/2018/12/19/the deadliest-countries-for-journalists-in-2018-infographic/? sh=353b610b2af5
  • Ramírez Pimienta, J. C. (2016) “El Pablote”: Una nueva  mirada al primer corrido dedicado a un traficante de drogas, en Mitologías Hoy Vol.º 14. Servei de Revistes Digitals de la  Universitat Autònoma de Barcelona.
    https://revistes.uab.cat/mitologias/article/view/v14-ramirez
  • Quién fue Jesús Malverde, el “santo” al que vincularon con el  Chapo Guzmán (25/01/2022). Infobae.
    https://www.infobae.com/america/mexico/2022/01/25/quien es-jesus-malverde-el-santo-al-que-vincularon-con-el-chapo guzman/
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